anécdotas
a primera vez que llegué, apenas crucew el limite de gesell empezaron a caer trribles cascotes que no solo arruinaron mi auto nuevo sino uqe le sacaron un ojo a mi pequeña hija de 3 años. Aun asi el encanto del lugar es tan grande que insisti, un año despues al volver, con mi hija y u parche, nos agarro una tormenta en medio del bosque. Desde entonces la pequeña no ghace mas que gritar cada vez que ve un arbol. Desde entonces extraño los veranos en las playas, vivimos en el desierto patagonico, siempre recordando el mar y el bosque con añoranza.
Linea
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